Iberdrola se quita la máscara verde

El Responsable de la Campaña de Energías Limpias de Greenpeace España denuncia la doble cara del gigante eléctrico Iberdrola, que apuesta por las energías renovables en países donde cuenta con el apoyo de las administraciones, mientras en España intenta introducir el discurso de que ´´son demasiado caras``.  La empresa que en los años de la ´´bonanza`` económica se subió al carro de las energías verdes ahora quiere convencer a la ciudadanía de que hay que prescindir de ellas. Un artículo de Jose Luis García Ortega.

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Milagro en el Km.0

Leer más...“Por un mundo en el que ‘¡buenos días!’ signifique solamente ‘¡buenos días!’…”

Esta es probablemente la frase más elocuente de la exquisita película Milagro en Milán"(1951), toda una declaración de intenciones de Vittorio de Sica y Zavattini en una de las obras cumbre del neorrealismo italiano, espejo de las miserias de los desfavorecidos tras la Segunda Guerra Mundial.

Y es que Totó, nuestro protagonista, al salir del hospicio  -bastante talludito ya, por cierto-, saluda contento de esa forma a todo el que se cruza con él. A pesar de hacerlo genuinamente, sin malicia alguna, lo miran con extrañeza, aunque después algunos sonrían.

La pregunta hoy es: ¿Por qué el hecho de reivindicar la regeneración de la democracia levanta tantas suspicacias?  ¿Es tan difícil de entender que “Democracia real, ya“ es la materialización de un deseo común, limpio, espontáneo, y transparente, que agrupa a personas de muy diferente edad y condición, naturalmente espoleada por la energía de los más jóvenes, que se están jugando su futuro?  (http://democraciarealya.es/?page_id=88 )  Demasiado escepticismo y demasiados recelos.

Todo ciudadano tiene, no sólo el derecho, sino también el deber y la máxima autoridad moral para vigilar y asegurarse de que el sistema y la propia democracia funcionan porque, en primera instancia, le pertenecen a él antes que a los partidos. Y estos no deben utilizar los votos como coartada para pervertirlos o aprovecharse personalmente de ellos.

¿De verdad hay que rasgarse tanto las vestiduras cuando alguien, haciendo uso de su libertad de expresión, transmite a dos partidos políticos casi hegemónicos -debido, en parte, a una cuestionable ley electoral que no está en la constitución- que no le representan?

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La sociopatía de los lanceros de Tordesillas

El ojo de un lancero de Tordesillas y el mío obedecen a idénticos principios anatómicos. Él y yo vemos exactamente lo mismo al contemplar a un toro derrotado y vencido por el agotamiento y el dolor. Los dos entendemos que en tales instantes angustiosos, el animal busca inútilmente llenar sus pulmones con un oxígeno que a esas alturas ya tiñe de rojo la tierra sobre la que se derrama su sangre. Uno y otro somos conscientes de su espantosa agonía provocada por las lanzadas. Y ambos sabemos que ese toro morirá.

Pero en su caso, una estampa tan sobrecogedora le resulta fascinante, seductora, mientras que a mí lo que logra es estremecerme. Y no estamos hablando de una película o de un cuadro, en los que el horror que puedan transmitir se circunscribe al mundo de la imaginación, sino de la realidad encarnada en el padecimiento atroz y visible de un ser vivo. Con esas premisas, ¿dónde reside la diferencia entre su reacción y la mía ante semejante espectáculo?

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